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viernes, 25 de septiembre de 2009

La psicologia de la caridad

Quien empieza a dar a otros descubre que existe un nuevo significado en su vida.

Imagine que usted camina cerca de un estanque poco profundo cuando se da cuenta de que un chico de corta edad cayó en él y está en peligro de ahogarse. Usted busca con la mirada al cuidador del niño, pero no hay nadie a la vista. Sin detenerse siquiera para quitarse el costoso par de zapatos que trae, se apresura a saltar al agua para salvar al nene. Usted no tiene que ser un héroe para hacer eso. Esperamos que lo haga: tendría que ser un monstruo para anteponer el precio de sus zapatos a salvar la vida del niño. ¿O sí lo haría? UNICEF, el Fondo de Naciones Unidas para la Niñez, nos dice que casi 10 millones de niños menores de cinco años mueren por causas que podríamos prevenir. Esto es 27.000 niños que mueren todos los días, de enfermedades que son fáciles y baratas de prevenir o tratar, o por la falta de agua potable segura, de salubridad y de una dieta adecuada. GiveWell.net, una organización que evalúa la efectividad de costos de la ayuda, sugiere que por algo como el precio de un par de zapatos caros, usted podría salvar la vida de uno de estos niños.Parece raro hablar de dar más ahora, cuando la crisis global nos preocupa a todos. Pero ésa no es una excusa muy buena. Sin importar cuánto nos afecte la desaceleración económica, todavía estamos tremendamente mejor que quienes son tan pobres que luchan para satisfacer sus necesidades básicas. Pero, aunque requeriría de un esfuerzo comparativamente pequeño de nuestra parte, pocos de nosotros elegimos ayudarlos. ¿Por qué?La gente está más dispuesta a ayudar a un solo individuo que a muchos. En un experimento, a un grupo se le dio información general sobre la necesidad de donaciones, incluidas declaraciones como “La escasez de comida en Malawi está afectando a más de 3 millones de niños”. A un segundo grupo se le mostró la foto de una niña malí de siete años llamada Rokia, y se dijo que era desesperadamente pobre, y que “su vida cambiaría para bien con su donación”. La gente del segundo grupo dio más.En el ejemplo del estanque, sólo usted podría salvar al niño. Pero, en cambio, cualquiera con un poco de dinero extra podría salvar al niño pobre que muere de diarrea. La difusión de la responsabilidad saca lo que los psicólogos llaman “efecto espectador” (bystander effect): si oigo a alguien pedir ayuda y soy el único alrededor, es más probable que ayude que si hubiera alguien más conmigo que también oyera el llamado pero no hiciera nada. Desgraciadamente, cuando se trata de la pobreza mundial, hay muchos que no hacen nada.El “pensamiento de futilidad” también tiene que ver. Dar dinero para ayudar a los pobres es, decimos, sólo una gota en el mar. Nos enfocamos más en los que no lograremos salvar que en los que sí podemos. La gente daría más para salvar a 80 por ciento de 100 vidas en riesgo de lo que darían para salvar a 20 por ciento de 1.000 vidas en riesgo; en otras palabras, más por 80 vidas que para salvar 200 vidas.Cambios sutiles podrían ayudar a sobreponer nuestras barreras psicológicas para dar. Sólo ver a otros espectadores que no ayudan hace menos probable que colaboremos, por lo que saber que otros están dando hace más probable que demos. Jesús nos aconsejó que hagamos nuestra caridad en secreto para que Dios nos recompense en el Cielo, pero si el objetivo es obtener tanta asistencia para los pobres como sea posible, eso no es una psicología eficaz. Cuanta más gente hable de lo que da, más podremos esperar que otros den.En el libro “The Life You Can Save” (“La vida que Ud. puede salvar”), sugiero niveles de donaciones que los estadounidenses podrían dar razonablemente, sin grandes sacrificios. Empieza con el uno por ciento del ingreso para el 90 por ciento de los contribuyentes, aumentando a cinco por ciento para quienes ganan más de US$ 105.000 por año, y se incrementa gradualmente hasta llegar a un máximo de 33 por ciento para quienes ganan más de US$ 10 millones al año. Eso recaudaría más de US$ 500.000 millones anualmente, más del doble de un estimado de la ONU sobre lo que se requeriría para disminuir la pobreza mundial a la mitad.Algunos todavía podrían preguntar por qué debemos dar, en primer lugar. ¿No tenemos derecho a guardar nuestro dinero, ganado con dificultades? Quizás sí. Pero ésta no es una cuestión de derechos, sino de tomar decisiones que sean buenas para el planeta, para nuestros hijos y para nosotros mismos. Sobre esto último, citaré una obra más de investigación psicológica. Ahora hay evidencia abundante que apoya lo que los filósofos y profesores nos han dicho desde tiempos antiguos: una persona buena también es —típicamente— una persona feliz. Una encuesta a 30.000 estadounidenses descubrió que quienes hacían caridad eran un 43 por ciento más dados a decir que estaban “muy felices” con sus vidas que quienes no daban. No muestra si dar hace feliz, o si la gente feliz es más proclive a dar, pero la evidencia anecdótica indica que mucha gente descubre que cuando empieza a dar, se libera a sí misma de la rutina codiciosa y descubre un nuevo significado y una realización en sus vidas.
Singer es profesor Ira W. DeCamp de Bioética en la Universidad de Princeton. Acaba de publicar “The Life You Can Save” (Random House).
Peter Singer.

jueves, 8 de enero de 2009

La vejez es un concepto social


El hombre es un ser social, Dios lo creo así, por lo que no es posible vivir aislados ni dejar a un lado a personas como si se tratarán de objetos. Hoy deseo hablar de las personas de la 3ra. edad como parte importante de nuestra sociedad, y como esta etapa de la vida afecta, conscientes o no, a nosotros y a los que nos rodean.Debo mencionar, también com parte importante de la atención al cuidado de las personas de la 3ra. edad, a aquellas instituciones como son los asilos de ancianos, las instituciones de jubilaciones, casas de los envejecientes, solo por mencionar algunas, que tienen que ver de alguna manera con la parte psicológica y economica de los ancianos. Por ello quiero enfocar algunos puntos que tienen que ver con la calidad de vida de los hombres y mujeres pertenecientes a la tercera edad.En la juventud estas personas, hoy marginadas y hasta olvidadas, dieron todo para que sus hijos y nietos fueran felices. Luego ya entrada en el ocaso de sus vidas, quedan confiscado en un triste rincon de la casa o quizás en algún asilo porque?...pues porque ya no representan nada para su familia, ellos piensan que estos ancianos ya no producen economicamente hablando; no aportan nada al hablar y por eso los mandan a callar cuando intentan exponer algún pensamiento en un momento dado. Ya no son productivo sexuales. Tampoco son el sosten y guia de su núcleo familiar por lo que debe ser escuchado, admirado y respectado. Para muchos adultos jóvenes, la vejez es símbolo de "No sirve para nada", y caen en ese error. Si recordamos, sin tener que ser religiosos, que Dios nos dió un mandamiento de respectar y honrar padre y madre todos los dias de su vida para que seamos bendecidos todos los días de nuestra vida. "Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehova tu Dios te da", Exodo 20:12.Se aplica, también, para tratar a todas las personas que llegan a una edad avanzada.En la Antiguedad, cuando la información era transmitida de forma oral y el mundo avanzaba a pasos lentos, los ancianos resultaban ser como una especies de archivos vivientes que servían, para los que los consultaban, un enlace entre el pasado y el presente y así podrían conjeturar sobre el futuro, por todo esto ellos eran respetados, admirados y oídos.En los tiempos modernos, muy pocas personas consultan a los ancianos, por ejemplo: los científicos, comunicadores entre otros profesionales, los consultan para buscar veracidad y confiabilidad en sus historias, o en sus investigaciones.En cambio, cuando los ancianos viven con sus familias generalmente son desoídos, se les presta muy poca atención y hasta surgen burlas contra ellos en algunas ocasiones en que pretenden hacerse escuchar en momentos de desacierto o diferencias familiares y ellos están presente.Por lo anteriormente expresado es que pretendo ser una voz de reclamo, si podría aceptarse así, para gritar por medio de estas páginas, cuanta veces se me antoje sobre las necesidades no expresada por esa parte de la sociedad que debemos cuidar por su valor en todo el sentido de la palabra.Vivamos con nuestros viejos, nuestros bellos abuelos que son padre doblemente por ser padres de nuestros padres y valoremoslos...escuchemos...demosle la oportunidad de que se expresen, que amen, que se diviertan...en fin, ellos están tan vivos como nosotros.